[...] Pesan sobre los jóvenes graves responsabilidades. Dios espera mucho de los jóvenes que viven en esta generación de luz y conocimiento acrecentados. Desea usaros para hacer disipar el error y la superstición que ensombrecen la mente de muchos. Han de disciplinarse recogiendo todo tilde y punto de conocimiento y experiencia. Dios los tiene por responsables de las oportunidades que se les han dado. La obra que tienen delante espera sus fervientes esfuerzos para ser llevada a cabo paso a paso, según demande el tiempo.
Nunca sabréis cuánto bien podéis hacer a los que no se consideran hijos de Dios, dirigiéndoles palabras tiernamente razonables y serias en cuanto a la salvación de sus almas.
Por otra parte, quizá nunca sepáis, hasta el día del juicio, cuántas oportunidades de ser testigos de Cristo habéis dejado pasar sin aprovechar.
Quizá nunca sepáis en este mundo el daño que habéis hecho a alguna alma por vuestros pequeños actos de frivolidad, vuestra conversación vulgar, vuestra liviandad, completamente inconsecuentes con vuestra santa fe.
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